El Viaje, y no hablo de cualquier viaje, siempre empieza por ver el vaso más lleno que vacío. Después solo quedan mil abismos que sortear, mares tenebrosos llenos de soledad y un desierto eterno que nadie ha podido cruzar...
Aquel día un harapiento, por las trazas un mendigo, tal vez un peregrino, quizás un poeta, llegó, bajo la sombra de los altos álamos, a la gran calle de los palacios, donde hay desafíos de soberbia entre el ónix y el pórfido, el ágata y el mármol; en donde las altas columnas, los hermosos frisos, las cúpulas doradas, reciben la caricia pálida del sol moribundo.
Que tendrá el ser humano que hace que tienda a agruparse en torno a formas de pensamiento, formas de vivir la religión o de actuar socialmente, si casi nunca comprende lo que hace ni porque lo hace...
Sentado en mi ventana, miro el horizonte... siempre viajando con la mirada, buscando momentos preciosos, cantando nanas y volviendo distraído a mi trabajo, que no es otro que hacer el mundo... un poco mas complicado.